El que más detestaba aquella situación era Brown. Su rostro estaba amargado—como un montón de periódicos viejos abandonados en una terminal húmeda. Normalmente se veía elegante incluso sin sonreír, pero hoy no.
Dio un paso al frente.
—Señorita Helena, por favor, cuide su conducta —dijo con frialdad.
Helena soltó el abrazo, aunque mantuvo su sonrisa azucarada. —Perdón, asistente Brown. Es que extrañaba tanto a Damian.
La sinceridad en su mirada era inconfundible, pero a Brown claramente no le im