Livia cerró los ojos. Aún no sabía por qué se había casado con él. Pero recordaba una conversación en particular con el asistente Brown:
—Asistente Brown —le había preguntado—, ¿puedo preguntarte algo?
—Por favor, señorita.
—¿Sabes por qué el señor Damian eligió casarse conmigo?
—…No.
—No puede ser que no lo sepas.
—De verdad que no lo sé.
—Olvida que pregunté —dijo ella con una sonrisa amarga—. Déjame preguntarte otra cosa.
—Por favor.
—¿El señor Damian se acuesta con mujeres distintas cada no