En lo alto de las escaleras, Damian empujó el hombro del doctor Harry.
—¡Anda, date prisa!
Harry ni se inmutó. Respondió empujando suavemente a Damian hacia las escaleras. Luego se giró hacia Jenny y Sophia, que los habían seguido en silencio.
—¡A dormir! Si se desvelan a estas horas, les saldrán arrugas.
—¡¿Eh?! ¿De verdad? Sophia, vamos a dormir. ¡Buenas noches, hermano Damian! ¡Buenas noches, hermano Harry! —rió Jenny, arrastrando a Sophia.
—Sí, buenas noches —respondió Harry con un saludo p