Mundo ficciónIniciar sesiónSOFIA
Después de eso, no volví a la mesa.
La habitación se sentía más pequeña, aunque nada había cambiado. Las mismas paredes nos rodeaban, la misma distancia entre nuestras sillas seguía igual, y el mismo silencio controlado llenaba el aire. Pero el peso de la conversación persistía de tal manera que quedarme allí se sentía como un error grave y deliberado.
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