SOFIA
Algo cambió antes de que nadie dijera una sola palabra.
Empezó con el ruido, no con un aumento de volumen, sino con un cambio en la frecuencia. La casa siempre había vibrado con un ritmo mecánico y predecible, pero esa mañana, ese pulso era irregular. Los pasos en el pasillo se movían con una velocidad corta y frenética que supera la habitual delicadeza del personal. Las puertas no solo se cerraban; se cerraban con una firmeza que resonaba por los pasillos de mármol. Incluso el aire se se