SOFIA
No fui a buscar a Dante. De hecho, esperaba no tener que verlo, porque no lo soportaba. Así de irritante me resultaba.
Y odiaba que le molestara que la gente se mantuviera firme a su alrededor y no se acobardaba de miedo. Yo no era de las que temblaban de miedo cuando hablaba. Creo que, en realidad, lo desafiaba y él lo sabía. Y, aunque parezca mentira, también hacía todo lo posible por mantenerme alejado de mí, y me gustaba así. Al fin y al cabo, era prisionera. Podía moverme, sí, pero s