En el consultorio del pediatra, Santi estaba renuente a ser revisado, aunque ya conocía a su médico, no era de su agrado, sobre todo al ver que siempre le sonreía a su mamá de una manera que le parecía boba.
—Hola Santi, esta vez revisaremos tu garganta ¿podrías abrir tu boca? Si lo haces, te daré un caramelo. —Dijo el médico, quien sonreía como siempre.
—No. —Contestó el pequeño, mientras cruzaba sus brazos a la altura de su pecho, demostrando así que aquello no era de su agrado.
—Vamos Santi,