Cristina se quedó pensativa solo un momento, y de pronto, la situación le pareció de lo más cómica. Así que, por su culpa, a él lo habían sermoneado durante horas, pero en todo el camino a casa, no había dicho ni una palabra. La idea la hizo sonreír y soltó una risita.
—Señor, ¡quién lo viera! Mire que, aunque siempre me ha tratado mal, por lo menos encontré a alguien que lo pusiera en su lugar. A ver si con eso se le baja un poco lo creído. Si me vuelve a molestar, voy a buscar a mi maestra de