En la mente de Genaro resonaban las palabras de la doctora:
“La primera vez, no te apresures”.
“Si no sabes, búscalo en internet”.
Decidido, se levantó y fue al estudio de Susan. Encendió la computadora para investigar, pero en cuanto la pantalla se iluminó, se quedó petrificado.
La foto en el escritorio le lastimó la vista; apretó los puños hasta que le crujieron los nudillos.
En la imagen, la mujer sonreía radiante, más hermosa que una flor; el hombre lucía una postura elegante y atractiva qu