No entendía muy bien por qué lo hacía. Simplemente, al verla tan frágil, un instinto protector intenso lo impulsaba a no perderla de vista.
Vio cómo Cristina entraba a la oficina de la directora del orfanato. Para asegurarse de que él no se colara detrás, ella cerró la puerta de inmediato, lanzándole una mirada rápida antes de dejarlo fuera. La expresión de Paolo, ya de por sí seria, se llenó de cólera al recibir aquel portazo en las narices.
—Maldición.
Resopló molesto y pateó una pequeña pied