Valeria pasó los siguientes tres días en un estado de alerta constante. Apenas dormía. Cada vez que su teléfono vibraba, el corazón se le subía a la garganta. Mateo empezaba a notar que algo andaba mal, pero ella seguía evadiendo sus preguntas con excusas cada vez más débiles.
La mañana del cuarto día, mientras Luca dormía la siesta, Valeria recibió una llamada de un número desconocido. Dudó varios segundos antes de contestar.
—¿Sí? —su voz salió más temblorosa de lo que hubiera querido.
Del ot