Una vez más el sol había salido, Rosseta montó todas sus cosas en un bolso hecho por hojas y raíces. Tenía lo necesito, vestimenta y agua, ya se arreglaría para conseguir comida en el bosque. Albuz le había dicho que el bosque da a quienes lo necesitan, sobre todo a los buenos y ella lo era.
Antes de salir de la cueva la miró por última vez, iba a extrañar su escondite, el lugar que si se podía llamas un hogar. Tocó las paredes hechas por el mismo tronco y se alejó. Al salir, dos so