Los niños se quedaron helados al verla así.
Santiago la empujó de inmediato, protegiéndose instintivamente:
—¡Eres mala! ¡Aléjate de nosotros!
Carolina trastabillópor el empujón y, sin pensarlo, levantó la mano y le soltó una palmada violenta en la espalda a Santiago.
No pudo contener su frustración:
—¡Ingratos! ¡Yo les di la vida!
Santiago cayó al suelo por el golpe, pero no soltó ni una lágrima. Se quedó mirándola con una terquedad feroz.
Sofía corrió a ayudar a su hermano, gritando entre so