Valeria asintió:
—Sí, por acá todo se puso súper bonito.
—Cuando quieras regresar a Capital, yo te voy a dar todo esto.
Valeria se quedó confundida.
El chofer sonrió:
—Sra. Herrera, toda esta calle ya es del Sr. Castro.
El dueño de toda la zona rosa ahora era Eduardo.
Valeria pensó que estaba bromeando:
—No me da para mantener una calle tan elegante.
—Era para cuando te casaras.
—¿Para mi boda?
Eduardo explicó:
—Hace años, Vicente y yo hicimos una apuesta cuando éramos socios. Perdí, y él di