Podía ser un canalla con ella sin remordimientos. Pero ese hijo por nacer todavía le importaba. Aunque tampoco era amor paternal, solo su instinto territorial que no toleraba que su heredero fuera de otro.
Se oyó una voz fría a sus espaldas:
—Así que este es tu príncipe azul.
A Valeria se le oprimió el pecho al instante.
Vicente se acercó con una mirada de rabia impotente, pero imposible de ocultar el dolor:
—¡Por ese idiota sacrificas todo lo que eres! ¡Si regresaras, toda la Capital estaría a