Al escuchar los golpes en la puerta, Olivia, quien apenas había dormido en toda la noche, miró con recelo hacia la entrada.
Esa noche no logró pegar ojo en absoluto.
Cuando al fin el sueño empezaba a pesarle, algún ruido extraño, un grito, una risa, un llanto o un alarido, irrumpía desde algún rincón del pasillo,
Olivia sentía que sus nervios estaban a punto de colapsar.
Finalmente, al amanecer, cuando la mayoría de esos molestos pacientes salían a divertirse, pudo cerrar los ojos y descansar un