Sin ella, Mónica estaba segura de que, con tiempo, podría ocupar su lugar en el corazón de Eduardo.
Mónica abrió los ojos y miró hacia el restaurante.
Ya no fantaseaba con la posibilidad de estar junto a Eduardo.
Pero su sueño había sido destrozado, y alguien tenía que cargar con la responsabilidad.
“Así que, Valeria… Será mejor que desaparezcas, ¿de acuerdo?”
***
En el coche.
Cinco minutos después, el chófer, conteniendo el aliento, dijo:
—Señorita, si la Señorita Herrera ya adivinó lo que pi