Capítulo 357
Si era una acusación falsa o no, ya no importaba.

Lo único que sabía era que, aunque fuera mentira, Eduardo podría convertirla en realidad.

Solo podía culparse por no estar preparada y haber sido descubierta por él.

Había sido tan cuidadosa, tan discreta… ¿cómo pudo pasar?

A estas alturas, su habilidad no bastaba; debía admitirlo.

El hombre, sin prisa, alzó la vista.

—¿Mmm?

El corazón de Mónica se desgarraba y su voz se quebró en mil fragmentos.

—Deja a mis padres en paz. Pide lo que quieras
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