Capítulo 304
Él frunció ligeramente el ceño, con una tensión masculina apenas contenida.

—Puedes mirarme cuanto quieras. Pero afuera hace frío y no llevas mucha ropa. ¿Prefieres seguir mirándome dentro del coche?

Dentro del vehículo, la temperatura era mucho más agradable.

Eduardo no se apresuró a arrancar, sino que giró medio cuerpo hacia ella, como si estuviera dispuesto a que ella lo admirara todo cuanto quisiera.

—Tú… —Valeria se quedó sin palabras.

—Es raro que sientas el deseo de mirarme un rato —dijo
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