Planta baja.
Al ver a su hermano, cabizbajo como si le hubieran drenado toda la energía, Valeria alzó una ceja.
—Vicente, ¿qué te pasa?
—Jamás en la vida pensé que llegaría el día en que mis papás me lanzaran una demostración empalagosa de amor.
—Pues tú también échasela a ellos —respondió Valeria, enfundada en un traje retro de fiesta y jugueteando con un abanico plegable. Acababa de cenar con sus amigas y, como aún no tenía sueño, no se había cambiado ni lavado. Solo quería sentarse un rato en