Ella se mantuvo terquemente firme, negándose a escuchar razones.
Sebastián frunció el ceño.
—Carolina, no voy a ocultártelo, ahora no tengo tiempo para ocuparme de ti. Además, entre tú y yo no hay ninguna relación formal, ¿qué sentido tiene que quieras tener a ese hijo?
Carolina no esperaba que dijera eso.
Su mano, oculta bajo las mantas, se apretó con fuerza.
Tras un largo silencio, entre lágrimas, dijo:
—No te preocupes, no interferiré en tu vida. Tampoco le diré a nadie que tenemos un hijo