—No me duele, mamá. —sonrió Sofía.
Intentaba mostrarse fuerte, por miedo a que su madre se preocupara.
Las lágrimas de Valeria ahora solo brotaban por estos dos niños.
Con su frágil cuerpo, los levantó y los sostuvo.
—¿Están comiendo?
—¡Sí! —respondieron al unísono.
Sofía se aferró al cuello de Valeria, sin soltarla, y aquella dependencia hizo que Carolina se sintiera incómoda.
Valeria se sentó con ellos en el comedor.
Carolina comentó,
—Valeria, hace un momento Sofía dijo que quería que la alim