—¿Un niño... qué tiene que ver con la buena o mala suerte? —murmuró Sebastián para sí.
Pero los que hacen negocios suelen ser muy cuidadosos con la superstición, sobre todo cuando se trata de dos niños.
Sebastián no era tan meticuloso como una mujer, ni tan expresivo como otros padres.
Pero en el fondo, también amaba a sus hijos.
Su amor siempre era silencioso. Pensaba que mientras les diera un buen entorno para crecer, ya estaba cumpliendo como padre.
—Está bien. —dijo Sebastián.
Últimamente to