Valeria recibió el alta ese mismo día y regresó a casa.
Eduardo sabía hasta dónde llegar y solo la acompañó a Valeria hasta la puerta de su casa.
Vicente bajó del auto.
—¿No entras?
El hombre encendió un cigarrillo y se quedó junto al vehículo.
—No.
Ya había dejado claro lo que sentía. Con que ella lo supiera, bastaba. Debía darle espacio y tiempo a Valeria para resolver sus asuntos.
A lo lejos.
Valeria caminó hacia la entrada de su casa y, de manera inconsciente, volvió la mirada hacia la pue