La desfachatez de aquel hombre le hacía a Valeria arder la garganta y doler cada palabra que decía.
Por dentro hervía de rabia y quería humillar a Sebastián de alguna manera, pero ante Sofía, se mordió la lengua.
—Mamá, ¿te sientes mal? ¿Dónde te duele? Sofía te sopla —Sofía se acercó frunciendo sus pequeños labios.
Al ver su carita infantil y dulce, Valeria sintió algo complicado que no sabía cómo nombrar.
Los niños no debían verse envueltos en los asuntos de los adultos.
—Vicente, lleva a Sofí