Pensando en eso, Carolina apretó sin darse cuenta.
Pero Sofía, con el sudor en la piel y las manitas resbaladizas, logró zafarse de su agarre. Y de pronto, su pequeño cuerpo se fue hacia las escaleras.
—¡Ah! —soltó un grito agudo infantil.
Los ojos de Carolina se contrajeron de golpe.
—¡Sofía!
—¡Señorita! —Tania y las sirvientas corrieron desesperadas hacia la escalera.
Sofía cayó en el rellano.
Carolina se apresuró a acercarse, y estaba a punto de levantarla cuando unas manos pequeñas la empuj