Escuchando sus reproches, a Valeria ya le zumbaban los oídos.
—Sebastián —respondió con calma—, ¿acaso tengo que vivir solo para ti? ¿Cuidarte a los niños, hacerte esto y aquello?
—No es por mí —replicó él—. Es por la vida que tú misma llevas. ¿O es que los niños no te llaman mamá? A Carolina nunca la han llamado así. ¿Y no he sido yo quien te ha dado una vida holgada?
¿Acaso tiene la vergüenza?
La mirada de Valeria se volvió gélida.
—Los he cuidado seis años y me llamen mamá. Que no llamen a Ca