¿Acaso eran esas las palabras de una buena mujer, de una buena madre?
Las lágrimas se acumularon en los ojos de Carolina.
—Sebastián, no tengo cómo defenderme. No tengo pruebas, son solo sus palabras contra las mías. ¿Y con eso ya me cuestionas? ¿De verdad no merezco ni un ápice de tu confianza?
Antes, sí la tenía y en abundancia. Llegó a confiar más en Carolina que en Valeria.
Pero después, desde que Ricardo le mencionó que Carolina se había cortado la mano para mentir, las mentiras y omisione