Pero Sofía y Santiago se resistían ferozmente a su proximidad. Sus miradas, clavadas en ella, solo reflejaban puro terror.
De repente, Santiago empujó a Carolina con todas sus fuerzas.
—¡Aléjate! ¡No la toques! ¡No te atrevas a tocar a mi hermana!
El tobillo de Carolina, aún lesionado, cedió ante el empujón. Cayó de espaldas al suelo, y su cabeza golpeó contra el borde de un mueble.
Y en ese preciso instante, Sebastián entró por la puerta.
Él mismo vio a Santiago empujar a Carolina con una actit