—Tu hermano estaba también —dijo Eduardo, sin decir la verdad del todo—. Me pidió que te trajera algunas cosas.
Al saber que su hermano se preocupaba por ella, Valeria tragó saliva con fuerza, conteniendo las lágrimas. Eduardo la observaba, sintiendo que había cambiado. Antes tenía esa mirada decidida y segura que impresionaba.
—Últimamente ando por Valparaíso. Si necesitas algo, no dudes en llamarme.
Valeria bajó la mirada con discreción, conteniendo las emociones. —Gracias, Eduardo.
Valeria se