Si alguno de los presentes se atrevía a dudar aún de la valía de Cristina para el puesto de Tacarigua, ahora ya no había ninguna duda de que tras esa sonrisa amistosa y trato cercano con sus subordinados había una mujer dispuesta a devorar a cualquiera que amenazase a su empresa.
-Ricardo, acompáñale a la salida - dijo guardando su nuevo contrato y Juan le dio un codazo a Ricardo que también estaba en las nubes.
Esta vez el hombre sí apretó su mano para despedirse.
-¿Tenía el contra