-Ya, pero moriré feliz.
La tranquilidad reinó en Juan al ver a Cristina llegar a paso rápido. No traía buen humor, aunque su cara no lo demostrase, pero era fácilmente identificable cuando no saludó con un 'buenos días' general a toda la oficina como hacía siempre. Al menos estaba ya aquí.
-Un solo periodista que vea en lo que queda de día y tendrán que rodar conmigo la nueva película de La Purga - vociferó Cristina cerrando la puerta de su despacho de golpe. - ¡Media hora para entrar a