-No te muevas - le ordenó cuando Sharon hizo el amago de incorporarse.
-Estoy en riesgo de dormirme - advirtió, pero notó y vio la mano de Nore introducirse en sus pantalones. - Corrijo, estaba.
Cristina ya se había rendido, a la cuarta vez dejó de regañarle por tirar de los cordones de la capucha de su sudadera, dejando a Juan la total libertad de cambiarle la medida a su antojo mientras la escuchaba leer.
Al principio pensó que el ojiverde le había pedido que trajese su libro porque