Mientras pensaba en todo ese asunto, pasaron por una callejuela insignificante. Damián, por costumbre miró en esa dirección. Esa calle era el atajo que él solía utilizar para ir a ver a Marguy. Alzó una ceja, curioso, al darse cuenta de un detalle:
Era la única manera que él tenía de hacerlo sin que nadie lo viera. Pues, por alguna razón que él desconocía, con excepción de Martha, a nadie le agradaba esa amistad que tenían. A Madame Lamere, menos que menos. Volvió a ver a Alba con un brillo su