33. ¡¿Bien quién dice yo?!
La primera vez que Julio salió del Ganimedes, no se imaginaba lo pronto que volvería a ese lugar, sobre todo por lo espantado y alterado que estuvo mientras permaneció allí, con Alfonso tan cerca, con Alfonso tan tentador, mostrándole sus jodidos fantasmas que no habían dejado de molestar desde que lo conoció.
Aquella noche había mucha más gente que la anterior, poco imaginaba que aquello era precisamente porque Alfonso trabajaba y la otra vez estaba en su día libre.
Se quedó en un segundo plan