Algo inesperado (2da. Parte)
El mismo día
New York
Lance
Ya me había resignado a viajar con la maldita niñera. De verdad, estaba considerando encerrarlo —al idiota de siempre— en la habitación del hotel con cualquier excusa, con tal de que no me saboteara el trabajo. Pero había un problema: ese idiota no era cualquier idiota. Era el espía personal de Cristina. Sus ojos, sus oídos… y su maldito juicio. Así que no tenía muchas alternativas. Solo una: actuar como el profesional que se supone que soy.
Y hoy temprano, llamé a mi