Dos días después
New York
Karina
Hace unos días Ana me llamó, con la voz temblorosa, para contarme que Lance había destrozado la oficina en un ataque de furia y dolor. Ese día sentí que algo dentro de mí se quebraba. Comprendí que no podía seguir hundiéndolo conmigo, arrastrándolo a un pozo del que ninguno de los dos saldría. Lance no lo merecía; me ama demasiado y, precisamente por eso, debo dejarlo ir. He pasado noches enteras mirando el techo, llorando en silencio, repitiéndome que esta será