Capítulo 52. El Brindis que nadie vio venir
Liam
Caminar de regreso a la recepción con la mano de Isabel entrelazada en la mía se sentía como cruzar un umbral hacia una dimensión completamente nueva. El peso del anillo en su dedo era físicamente insignificante, apenas unos gramos de oro blanco, pero el cambio en mi interior era monumental. Ya no era solo el abogado protector que analizaba cada riesgo antes de dar un paso; ahora era un hombre con un destino sellado por elección propia.
Al cruzar la puerta que conectaba el jardín con el sa