Capítulo 31. Reunión Obligatoria
Liam
Dos días después, pero en la noche, cité a mis amigos en mi departamento, mi santuario. Necesitaba la familiaridad de mi propio espacio, donde cada objeto estaba perfectamente en su sitio, para mitigar el desastre que sentía en mi interior. Mi pent-house minimalista, con sus líneas limpias y la vista inmutable del horizonte de Manhattan, era el antídoto contra la incertidumbre. La perfección de mi entorno contrastaba salvajemente con la creciente tensión que yo había traído a la habitación