El viernes a las seis de la tarde, Matteo apareció en el taller.
No era el viernes de la comida del restaurante. No era el viernes de ninguna reunión de trabajo programada. Era simplemente el viernes, a las seis de la tarde, con el equipo recogiendo para irse y el taller volviéndose a ese silencio específico de final de jornada que tenía una calidad diferente al del domingo o al de la madrugada.
—Isidora. Hay algo que quiero decirte.
El equipo que terminaba de recoger. Elena con el portátil ya