El taller de prototipos a las diez de la mañana del domingo.
Matteo había llegado a las ocho y media. Solo él en el edificio, que en domingo tenía el silencio específico de los espacios que están diseñados para ser habitados por muchas personas y que al estar vacíos amplifican ese vacío de una manera que no ocurre en los edificios pequeños.
Encendió las luces.
Todas. La general y las de trabajo. El tipo de iluminación que hacía que el taller fuera exactamente lo que era sin sombras que suavizar