El último piso de la Torre Franzani era un santuario de poder absoluto.
Maderas oscuras importadas de Brasil, luz meticulosamente controlada por domótica y un silencio acústicamente diseñado para exigir sumisión mucho antes de que se pronunciara la primera palabra.
Matteo dejó caer su portafolio sobre una de las sillas de cuero frente al inmenso escritorio de su padre.
Luca Franzani no levantó la vista de los documentos fiscales que estaba firmando con una estilográfica de oro.
—La junta directi