El Museo de Arte Contemporáneo era una enorme caja de cristal y acero suspendida sobre el centro de la ciudad. La gala benéfica de otoño había congregado a la élite financiera bajo una iluminación dura, blanca, que no perdonaba defectos ni disimulaba lealtades.
Isidora caminaba junto a Matteo por el suelo de cristal pulido. Su mano descansaba en el antebrazo de él. Un anclaje forzado. El vestido azul medianoche absorbía la luz de los candelabros modernos, volviéndola una sombra elegante y perfil