La reunión de las nueve y media duró cuarenta minutos.
Clara presidió desde la cabecera con la seguridad tranquila de alguien que lleva años siendo la persona más importante de cualquier sala en que entra y no ha tenido razón para cuestionarlo. Habló del calendario de entregas con energía, con cifras que sonaban sólidas en superficie y que Isidora revisó mentalmente mientras Clara las presentaba, encontrando tres inconsistencias de proyección que guardó para otro momento.
Isidora escuchó. Tomó