La sala de exhibición de patrimonio del edificio Franzani nunca había sido pasarela.
Era un espacio rectangular de doscientos metros cuadrados en la planta baja del ala norte: techos altos, iluminación de museo, el suelo de terrazo oscuro que absorbía la luz en lugar de reflejarla y que hacía que lo que se exhibía en él flotara ligeramente sobre el espacio. Diseñado para que las prendas históricas existieran sin competencia visual.
Ese martes, cuatro semanas antes del vuelo a Milán, era pasarel