Capítulo — Desayuno, confesiones y viejas amigas.
El hall del hotel tenía ese perfume clásico de café recién hecho y madera pulida, mezclado con el rumor suave de las conversaciones tempraneras. Nicolás, siempre atento, se adelantó a abrirle la puerta a Anahir. No fue una galantería forzada, sino instintiva. Sin decir palabra, le tomó suavemente la cintura para ayudarla a pasar. Ella no se apartó. De hecho, se sintió cómoda, natural, como si fuera algo habitual, aunque pocas veces lo habían hec