CAPÍTULO – Meriendas que sanan heridas
El parque respiraba en primavera. Era una de esas tardes en que el cielo parece pintado con acuarelas suaves y el aire huele a pasto recién cortado y galletas caseras. Elsa llevaba tiempo sin pisar ese lugar. Le traía recuerdos, muchos de ellos dulces, pero otros no tanto. Había sido allí donde, hacía meses, empezó a confiar de nuevo. A creer que se podía amar después de los sesenta. A pensar que su historia también merecía capítulos felices.
Pero esa i