Capítulo: Lo Que No Me Animo a Decir en Voz Alta
La puerta del consultorio se cerró con un clic suave detrás de Alejandra, como si el mundo allá afuera quedara momentáneamente suspendido. La luz cálida, los libros en estanterías bien ordenadas, la pequeña planta sobre el escritorio… Todo parecía en calma. Menos ella.
—Sentate tranquila, Ale —dijo la doctora con su tono sereno, cruzando las piernas en el sillón mientras la observaba.
Alejandra se sentó, pero nada tenía de tranquila. Sus manos