La noche en la capital pesaba, pero dentro del hotel donde se hospedaban Alejandra, Damián, Anahir, Nicolás, Fabián y Silvia, todo era distinto. Después de una jornada cargada de tensión en el juicio, la vida les regalaba un paréntesis de armonía, una tregua cálida donde las palabras no dolían y las sonrisas sanaban.
Alejandra y Damián se habían quedado en su habitación, en silencio por unos minutos tras la cena. Desde la ventana se veían las luces de la ciudad encendidas como pequeñas estrella