CAPÍTULO: LA MESA DE LA FORTALEZA
El sol de la tarde se colaba por las ventanas . Afuera, el canto de los pájaros intentaba contradecir la tensión que flotaba en el aire. Pero ahí dentro, algo más fuerte que el silencio estaba por suceder.
La mesa estaba servida. No era una mesa lujosa, ni elegante. Era la mesa de siempre, de madera clara, con marcas de cuchillo en el borde, con el mantel de flores algo deshilachado, pero limpio y perfumado. Elsa había preparado, casi en automático, una jarr